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Allí donde el miedo manda, no deja lugar a una toma de decisión correcta

Allí donde el miedo manda, no deja lugar a una toma de decisión correcta

Hay decisiones que hacen que te mueras de miedo, que no puedas gestionar esa emoción primaria por la que hemos pasado alguna vez (o experimentamos tan frecuentemente) y que nos deja sordos, mudos y ciegos. La misma que nos incapacita de tal manera que no somos capaces de ver la realidad de lo que está sucediendo para tomar una decisión acorde con nuestros valores, principios y creencias. Más bien nos dejamos llevar por el, ese miedo nos crea culpa y la combinación de ambas es la que hace que nos cerremos a una toma de decisión correcta. El miedo nos paraliza y no nos deja ver el abanico de alternativas que tenemos a nuestro alrededor… No veas el árbol, cuando tienes el bosque.

La toma de decisiones es un continuo y constante en nuestras vidas; tomamos la decisión de levantarnos por la mañana, elegimos qué ropa ponernos, qué actitud tener durante el día, si nos reunimos con tal o cuál cliente, cómo comportarnos con nuestro equipo, compañeros, familia o amigos. Todo ello nos llevará a que nuestra vida tome un rumbo u otro, siempre que seamos conscientes de hacia dónde nos lleva el elegir una opción entre las que teníamos encima de la mesa.

Si hacemos un listado de la cantidad de veces que hemos tomado una decisión, veremos que han sido millones. Si de esa lista, además enumeras qué decisión tomaste con el corazón y qué decisión tomaste con la “mente-miedo”, podrás diferenciar qué decisión fue la más acertada. Desde el miedo tendemos a cometer errores porque nos dejamos influenciar por otras personas, porque nos asaltan mil dudas, porque lo que queremos es que todo salga bien, entonces la incertidumbre entra en juego, porque se produce un cambio inevitable con la toma de decisión.

 

“Tomar un nuevo paso, decir una nueva palabra, es lo que la gente teme más.”

Dostoyevsky

 

Esos cambios, la mayoría de las veces nos han beneficiado. Un cambio de trabajo, un cambio de país, un cambio de pareja, un cambio de look, de lo más banal a lo más trascendental todas ellas han tenido una repercusión en nuestra vida. Han provocado el cambio que estábamos buscando o nos ha servido para llegar al siguiente escalón de esa escalera que estamos continuamente subiendo intentando llegar cada día más arriba, aunque a veces tengamos que retroceder, coger impulso y volver de nuevo caminando otra vez sobre el mismo terreno o no, pero con otro aprendizaje.

Eduardo Punset menciona en su libro “Viaje a las emociones” que: “El problema del miedo necesario para sobrevivir radica en que ni nosotros ni el resto de los animales, con algunas excepciones, calibramos con precisión la respuesta emocional que correspondería, lógicamente, al grado de amenaza (…).” Sino que más bien ese miedo se apodera de nosotros antes de que pueda analizarlo y que ni siquiera nos hayamos dado cuenta cuando se posicionó en ese lugar que nos nubla, nos ciega, nos deja sordos, como comentaba al principio del artículo. Es importante gestionar esos momentos, ya que si le damos el poder que no tienen, acabaremos por tomar decisiones que a largo plazo no nos beneficien.

En todo ese proceso no sólo contamos con todas las opiniones por las que preguntamos, sino que además nuestra propia opinión y crítica a lo que pasa y a nosotros mismos, merma la capacidad que tenemos de extrapolarnos de la situación y de nosotros mismos para poder ver lo que está pasando desde otra perspectiva. Termina siendo más fácil que nos juzguemos a que nos comprendamos, ya que si nos comprendemos, veremos más de cerca al ser con el convivimos a diario, ese ser tan especial y maravilloso que por estar lleno de miedos, alguna vez tomó una decisión equivocada, pero lo positivo que tuvo esa equivocación, es que algo aprendió. ¿Cuántas veces con el paso del tiempo lo hemos visto claro? ¿Cuántas veces nos hemos fustigado por haber pasado por una situación por la que no queríamos? ¿Por cuántos “fallos” hemos pasado que nos han hecho aprender que hay más de un camino para llegar a la meta? ¿Desde cuándo A nos ha llevado a B?

 

“Me he dado cuenta de que he pasado el cincuenta por ciento de mi vida sufriendo por cosas que nunca llegaron a ocurrir.”

Winston Churchill

 

Si no tuviéramos tanto miedo al fracaso y a que si no sale perfecto, no vamos a ser válidos, pero válidos, ¿para quién? Si en primera instancia no nos damos la importancia que tenemos, ¿quién creéis que vendrán a hacerlo? La vida nos pone en mil tesituras para que entendamos que todo lo que habíamos planeado se venga abajo y tengamos que, de nuevo, construirlo. Así crecemos, aprendemos, vemos lo que somos capaces de hacer y en algún momento adquirimos más confianza, valor y con ello nuestras decisiones toman otro color y otra energía. ¿Qué pasa cuando la confianza entra en juego?

 

“El valor no es la ausencia del miedo, más bien, es la opinión de que otra cosa es mucho más importante que el miedo.”

Ambrose Redmoon

 

No somos meras máquinas que reaccionamos a estímulos externos. Desde que percibimos el peligro hasta que llegamos a la resolución del problema, a la toma de decisión, etc., pasamos por momentos en los que el miedo se apodera de nosotros, porque su función fundamental nos sirve para detectar amenazas reales, esas en las que nuestro cuerpo se bloquea y da lugar a que esa emoción nos controle y nos deje inmóviles para dar un paso hacia otra dirección. Por tanto hay que darle su lugar, ya que es fundamental y es el que actúa como mecanismo de defensa en situaciones en las que nuestra supervivencia supone un peligro real. Sin embargo, lo que sí podemos es regular nuestras reacciones para que no interfieran en nuestra vida de manera negativa. Si somos conscientes de la emoción que estamos sintiendo,  seremos capaces de apaciguar lo que la misma nos provoca.

Arancha Merino en su libro “Haz que cada mañana salga en sol… y cada día sea el más feliz de tu vida”, nos comenta que “el miedo existe para garantizarnos seguridad…(…) ¿Qué necesitamos para sentirnos seguros?: observar, establecer límites, respetar, decir no, defendernos e implantar normas.” Si nos sentimos más seguros es porque confiamos más en nuestro criterio, porque tenemos una autoestima alta y creemos en nosotros, en definitiva el auto-conocimiento entra otra vez a formar una parte fundamental en la gestión del miedo y en consecuencia, en la toma de decisiones. Claro está que no son competencias que de la noche a la mañana se adquieran, pero si somos conscientes de lo que necesitamos, tomaremos conciencia de cómo obtenerlo. ¡Adelante! Toma las riendas de tu vida y confía en que cuando te enfrentes a tus miedos, verás que no son tan grandes como tú lo has estado viendo y que han estado ahí para protegerte.

¡Hasta el próximo! Y si te ha gustado… Share the love!

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